Dios es nuestro padre
Introducción.
Numerosas veces hemos mencionado en este sitio las raíces de la homosexualidad. Uno de las heridas que más marca nuestras almas es un relación negativa con nuestro padre.
De niños necesitamos su afecto, su contención, su provisión, como de su disciplina, sus consejos y de su aliento.
Cuando algunas de estas necesidades quedan insatisfechas por distintos motivos, nuestros corazones no se quedan quietos y van en búsqueda de su cumplimiento.
La sed de nuestro corazón.
Nuestra vida es un camino de búsqueda de relaciones que nos satisfagan. Nosotros vamos escogiendo selectivamente quienes nos rodearán y quienes no.
Muchas de estas elecciones se basan en deseos inconscientes de llenar nuestros corazones con lo que nos falta.
Los baches que tu padre pudo haberte dejado por todas las confrontaciones que tuviste con él, sus humillaciones, maltratos, desprecios, fueron modelando tu alma e hicieron que ella intente reestablecer paz y equilibrio en tu vida.
Pero lamentablemente los mecanismos mentales puestos en juego en un corazón dañado son solo una forma rápida de obtener calma y armonía. Esto sucede porque estamos debilitados y nuestros corazones solo parecen pedir un poco de agua para saciar rápidamente la sed que nos atormenta. Entonces escogemos espontáneamente soluciones rápidas, y allí comienzan los problemas.
Es que no estamos dándole a nuestra alma lo que necesita. Sino solucionamos la causa de esa tormentosa sed, por más que le demos litros y litros de agua, ésta volverá a aparecer. El problema es que todo el tiempo nuestro corazón tendrá sed, y nosotros equivocadamente le estaremos dando agua... y más agua....¿Para qué? ¿A caso no nos damos cuenta que no es lo que necesita? ¿Por qué no se le va la sed al corazón?... Nunca podremos darnos cuenta de lo que necesitamos si en ningún momento nos disponemos a escuchar a nuestro corazón y enterarnos qué es lo que verdaderamente nos pide.
El verdadero remedio para nuestra sed.
¿Pero pues qué es eso que quiere?
Eso es sanidad, y no necesariamente es agua para calmar su sed. Lo que necesita es estar sano, porque está cansado de caídas constantes y golpes bajos, necesita alegría y amor, necesita protección, atención... ¿Quién puede darnos esto? La respuesta es muy simple... vayamos deduciéndola juntos....
Ya buscaste afuera. Necesitabas ser apreciado por otros, entonces comenzaste la lucha por la belleza... seguro si estabas excedido de peso decidiste bajar, empezaste el gimnasio. Si había arrugas o acné optaste por solucionarlo con alguna crema específica. Ya no usas más esa ropa vieja para salir a la calle, ahora tienes atuendos más modernos, con más estilo. Tu peinado no estaba bien, o quizás sí, pero igual lo cambiaste por otro mejor... y ahora ya está, más gente te mira, porque necesitabas eso, que te miren, que alguien se fije en vos... pero la sed del corazón no cesa.
Entonces como diste el primer paso, ya la estética dejó de ser un problema grande, hay alguien interesado en vos, una persona de tu mismo sexo. Y das un paso más. Lo conoces un poco. Intimas sexualmente con él, como un intento de darle más agua al corazón.
Temporalmente la sed cesó. Parece que así estamos bien... pero la sed regresa... pero esta vez más intensa. Entonces como notamos que la sed había cesado por un tiempito y nos sentimos aliviados, volvemos a conseguir otro compañero, esperando que la sed se vaya de una vez por todas. Y sí!!! Se fue!!!
Pero de a poco vuelve, se aproxima esa angustia de que todo está poniéndose negro nuevamente, la sed se arrima... ¿Otra vez? Sí. ¿Por qué? La verdad es que no le estamos dando al corazón lo que quiere y necesita. ¿Y qué hemos de hacer? ¿Le damos un poquito más de agua y vemos si se calma? Mmm, corremos el riesgo de que se atore de tanta...
Ya esto no nos sirve... obsesión por la belleza, hombres para saciar nuestros deseos sexuales, lujuria, extremismo, libertinaje, drogas, alcohol, promiscuidad, es decir, agua para nuestros corazones que no paran de estar sedientos...
Parece que ya nada puede salvarnos.
Entonces parece que ya fue, ya está, tiramos la toalla, seguimos así, porque estamos quebrantados, no damos más, pero no queda otra, decimos que la vida es una sola y que hemos de vivirla a lo más. Entonces ocultamos nuestra decepción de no poder encontrar un destino afortunado para esa maldita sed bajo la bandera de nuestro orgullo por ser homosexuales, de que somos felices así, con lo que tenemos, sin aspirar a tener un poco más. Entonces vivimos a lo loco... pero la sed sigue y sigue... y parece que no termina... y parece que no hay nada para hacer, ya está, me resigno, me acostumbro a estar sediento, total afuera hay muchos chicos que quieren estar conmigo, es decir, hay mucha agua corriendo para saciarme.
Siempre hay alguien que nos toma de la mano y nos toca el alma para ayudarnos.
Pero no es eso lo que tienes que hacer... hay alguien que quiere ayudarte y puede salvarte. Es el remedio definitivo para esa sensación de sed, es gratis, no te pide que te pongas la mejor ropa, no pide que te peines de cierta manera, no pide que tengas el mejor cuerpo. Solo pide que te acerques un poquito día a día a él, para que pueda tocar tu corazón y sanarlo de esa sed maligna que no te deja en paz. ¿Quién es él?
Es JESÚS, nuestro Dios. Él es el único que puede acariciar nuestros corazones, iluminarlos, moldearlos de bondad, de paz, de sanidad e integridad... sin costas insanas que pagarle. Solo pide que confíes, que deposites un voto de fe en él, que dejes que tu corazón sea tocado con su amor tierno y compasivo.
Se que quizás seas indiferente a mis palabras, porque la imagen paternal que tienes está socavada por sentimientos de discordias y confrontaciones, pero debes dar vuelta la página del libro y darte la posibilidad de comenzar una nueva etapa en tu vida. Es entendible que tengas una imagen negativa de Dios como padre, pero ten en cuenta que Dios te esperará, él no te abandonará. Esperará pacientemente a que tomes el tiempo necesario para pensar, reflexionar y producir de a poco pequeños acercamientos hacia él. Él lamenta lo que te sucede, lamenta que sufras, que hayas sido maltratado, humillado o abandonado, y es por eso que tiene la capacidad de entender tu alejamiento y desconfianza.
Pero es importante que consideres la posibilidad de entrar en su mundo, porque a medida que mejoras la relación con Dios, él irá sanando las heridas paternas de las que padeces. Él no traerá agua a tu corazón sediento, sino el remedio definitivo para eliminar esa tremenda sed de amor.
En las sagradas escrituras encontrarás varios pasajes interesantes. Algunos de ellos son:
“Jehová, tu Dios, te ha traído, como trae el hombre a su hijo...”
Deuteromonio 1:31
“Ahora pues, Jehová, tu eres nuestro Padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros”
Isaías 64:8
“El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él”
Juan 14:23
”... Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará ni te desamparará”
Deuteromonio 31:6

